Entradas

Todo cambia

Hay cambio permanente y uno va viviendo y no lo nota hasta que se revela, de pronto. Ejemplos: ya no se usan casi los zapatos, se usan zapatillas; ni el saco, se usa campera. Se eliminó la corbata. La uñas de las mujeres se ven lindas si están cortas. Se ha vuelto normal, ya ni llama la atención, ser zurdo. También es normal tener barba de dos días, o teñirse el pelo de diferentes colores, o pelarse la cabeza. Y ninguno de estos cambios se deben a la moda, que es algo transitorio. Estos son cambios vinculados con lo natural, el deseo de espontaneidad, los materiales que van apareciendo, las actividades de cada uno. También, y muy notables, son los cambios en el lenguaje. El voseo generalizado. Los saludos "¿Qué tal?" o "¿Cómo le va?" que no esperan respuesta. Y el "Todo bien", copiado de los brasileños. Ahora cambió repentinamente, el valor del peso. De eso nos damos cuenta, pero no golpea como debería. Tenemos una coraza.

El valor del dinero

Recuerdo una vez, en Nueva York, cuando vimos que una moza juntaba unas monedas ansiosamente. Los argentinos no valoramos las monedas. Ni en ese momento ni después. Otra vez, Ricardo estaba revisando unos elementos que había usado para hacer magia mucho tiempo antes, y encontró un billete de uno o cinco dólares. Lo extraño era la sensación de que eso, viejo, arrugado, tenía valor. Es triste que nuestra moneda haya perdido y perdido valor. Cuando tenía alrededor de 12 años, y viajaba sola en tranvía, la abuela de Matilde, mi amiga, varias veces me regaló, como un tesorito, acariciándolo, un billete de cincuenta centavos crocante. Pero fue en esos tiempos que por primera vez escuché que esa señora y sus hermanas hablaban, un poco asustadas, comentando que había subido el precio de la manteca. Año 1954?

Qué creer

Si uno no creyera en nada, no podría salir de la casa. Hay que creer que los autos que circulan por la calle no se nos van a tirar encima, que la milanesa que pedimos en el restorán no está envuelta en veneno, y así. Pero cuando se trata de información, es más difícil. Las noticias aparecen en los diarios y en los otros medios, pintadas con el color del que las emite. Y veces, ni siquiera eso. Tienen que captar la atención del lector o el oyente, y colorean la noticia. Existen los que nos quieren inducir a comer  o no comer, tal o cual cosa. Los atacados varían con el tiempo: el colesterol, la sal, el azúcar. Hasta acá, no hubo intención de engañar. Pero están los que informan al revés, para que pensemos mal, muy mal, acerca de alguien. Mi conclusión es leer varios medios, filtrar bastante y, en general, tratar de guiarme por mi propia experiencia. Son muy importantes las entrevistas que nos dejan ver los gestos, la forma de mover el cuerpo, la mirada, las interjeccione...

Impuestos

Tuve un primo que nunca ahorraba un peso. Fanfarroneaba hablando de restoranes y de salidas con mujeres. Su casa estaba sucia. Lo solucionó pintando de negro los vidrios de las ventanas. Nunca tuvo que pagar impuestos. Nosotros hace unos años habíamos comprado un galpón. El piso era de tierra. Hicimos una carpeta de cemento y pintamos las paredes y el cielorraso de chapa. Tuve que atender a un inspector municipal. Cuando lo vio, exclamó: "Esto está mejorado. Corresponde un aumento del impuesto". Actualmente, si uno ahorra y pone el dinero en un plazo fijo, aplican un impuestos sobre los intereses que en realidad ni siquiera cubren la devaluación del peso. Hay algo que anda mal. Se supone que ahorrar y mejorar la propiedad son acciones positivas para la comunidad. ¿O es mejor gastarse todos los ingresos?

El trabajo del hogar

¿Habrá diferencias entre el hombre y la mujer amos de casa en lo que sienten al ver la casa sucia y desordenada? Yo siento algo cercano a la desesperación. Falta de esperanza en que se vea todo en orden y limpio. Empiezo la tarea, la casa se va ordenando, los platos, la ropa, los baños, se van lavando, y es como aceite en el alma. Lo malo es que siempre, siempre, aparece algo que falta. Son manchas en una puerta, o marcas sobre la mesada de la cocina. He llegado a la conclusión de que el hogar es como los textos. Los escritores declaran que nunca dejan de corregir un texto. Así es mi hogar. Siempre falta alguito.